Si 2025 ha sido el año de los aranceles y las negociaciones
comerciales, será en 2026 cuando comencemos a notar los efectos de la política
económica del segundo mandato del presidente Trump. A pesar de todos los
augurios de inminente recesión económica, esta no se ha materializado y la
economía sigue mostrándose razonablemente estable.
En lo relativo al significativo estímulo fiscal, se
espera que la One Big Beautiful Bill Act (OBBBA) apoye la economía, los
ingresos y los beneficios de la América corporativa. Un apoyo que puede verse enfatizado
por los datos de doble dígito de beneficios empresariales, reforzados
por la innovación tecnológica, y que serán fundamentales para alcanzar valoraciones
altas, con el PER del S&P500 superando las 22 veces, según el
consenso de Beneficios por Acción (BPA) para 2026.
Los grandes jugadores en Inteligencia Artificial (IA)
en EEUU —Alphabet (GOOG/L), Amazon (AMZN), Meta (META), Microsoft (MSFT), and
Oracle (ORCL) — proyectan invertir 520.000 millones de dólares en la
construcción de infraestructuras de IA en 2026, un 30% más de lo
invertido en 2025. Se espera que esta inversión incremente las ganancias por
productividad y el margen de beneficio de las compañías americanas.
También la política monetaria apoyará un 2026 positivo
para la renta variable si, tal como se espera, la Reserva Federal reduce
los tipos de interés, buscando normalizar su política monetaria, más que
evitar una recesión que no parece materializarse. Si los recortes de tipos van acompañados
de la continuidad en los esfuerzos para reducir la inflación, el próximo
año podría ser bueno tanto para la renta fija como para la renta
variable.
El alto nivel de déficit es, sin duda, preocupante.
Pero si los ingresos derivados de los nuevos aranceles se materializan y
ayudar a mitigar en gran parte el impacto del alto coste del déficit adicional
de 2026, el impacto en el rendimiento de emisiones adicionales del Tesoro
podría ser manejable. Contar emisiones del Tesoro que ofrecen rendimientos
estables sería también bueno tanto para bonos como para acciones.
Y para el mercado de bonos, sería de gran ayuda si
los mercados de crédito fueran estables, ya que un mercado crediticio
sano que ayudara a preservar los estrechos diferenciales de crédito será un
elemento clave para que la evolución del mercado de bonos durante el próximo
año.
Si bien puede considerarse que los factores mencionados más
arriba son los más relevantes, a considerar en cuanto a la evolución del
mercado el 2026, los inversores no deben perder de vista factores
adicionales como las elecciones estadounidenses de medio mandato, el
aumento de actividad en las fusiones y adquisiciones corporativas o el aumento
de la volatilidad y la dispersión y su impacto en las inversiones alternativas.
Las elecciones de medio mandato del año próximo podrían
reconfigurar el equilibrio político actual. Hay que tener en cuenta que son
435 escaños del Congreso y un tercio del Senado los que están en juego y la
mayoría de los Republicanos está muy ajustada. Si tomamos como referencia lo
que ha sucedido históricamente, con frecuencia el partido del Presidente pierde
terreno, incrementándose el riesgo de un cambio de poder. Los mercados
han reflejado tradicionalmente este comportamiento mostrándose volátiles
en los años de elecciones de mitad de mandato, registrando una caída
media del 17,5% en el S&P 500 antes de las elecciones para repuntar
con fuerza una vez pasadas.
Consecuencia de la desregulación, los recortes de tipos de la
Fed y el aumento de la demanda de transacciones relacionadas con IA, la actividad
de fusiones y adquisiciones (M&A) está cobrando impulso tras un periodo de moderación.
Un alza en el volumen de operaciones crea oportunidades atractivas para estrategias
de arbitraje de fusiones y para inversores de capital privado en el ámbito
de inversiones alternativas. El contexto sugiere una mejora de las condiciones
para este tipo de operaciones corporativas, lo que podría ampliar el universo invertible
y apoyar los rendimientos en 2026.
Fuente: LPL
Research, Pitchbook 09/30/25
Advertencia: Rendimientos pasados no garantizan resultados futuros.
Las inversiones alternativas podrían cobrar relevancia
en 2026. La elevada volatilidad, el rendimiento desigual del sector de
inversiones y las condiciones macroeconómicas cambiantes generarán oportunidades
para este tipo de activo. Dependerá en gran medida de cómo se adaptan las estrategias
a la dispersión persistente entre regiones, la trayectoria de los tipos de interés
y las tendencias de liquidez en los mercados privados. Las operaciones
corporativas, la resiliencia de las infraestructuras y la actividad de ofertas secundarias,
podrían influir en los flujos de capital, mientras que el crédito privado se somete
a un mayor escrutinio en medio del aumento de las quiebras. Para los inversores,
el reto radica en identificar enfoques capaces de navegar la incertidumbre y
ofrecer rendimientos más allá de las acciones y bonos tradicionales.
En cuanto al dólar estadounidense, objeto de cierto escrutinio
en 2025, los choques políticos, los aranceles y las presiones competitivas
de Europa y China han puesto a prueba su dominio, mientras que el aumento
de la cuota del oro en las reservas globales añade otra capa de incertidumbre.
A este respecto, los factores clave a tener en cuenta en 2026 incluyen la dirección
de la política comercial, la sostenibilidad fiscal, la diversificación de las reservas
de los bancos centrales y el papel del dólar en la liquidez global. Aunque no existe
una alternativa clara, las tendencias geopolíticas y macroeconómicas en evolución
determinarán la dirección del dólar e influirán en el rendimiento de los mercados
internacionales desarrollados y emergentes en 2026.
A pesar de las fuertes oscilaciones en 2025, el canal ascendente
del dólar durante la última década permanece intacto. La reciente caída encontró
soporte en una línea de tendencia a largo plazo, reforzando la tendencia ascendente
secular ilustrada en el gráfico "Dollar Bulls Hold the Line". Una ruptura
sostenida por encima de 100,35 podría confirmar un mínimo a corto plazo, mientras
que una caída por debajo de 96 indicaría un cambio estructural, lo que podría poner
fin a la tendencia alcista y dar paso a un ciclo bajista para 2026.
Fuente: LPL
Research, Bloomberg 11/26/25
Advertencia: Rendimientos pasados no garantizan resultados futuros.
Los índices no están gestionados y no se puede invertir en ellos directamente
Un tipo de activo que ha tomado impulso durante 2025 ha sido
el de las criptodivisas, que han ganado aceptación institucional
y mayor integración en los mercados tradicionales. La innovación en
productos se aceleró, cuando los inversores exploraron diferencias entre tokens
líderes y sus posibles casos de uso. La volatilidad sigue siendo una
característica definitoria de este tipo de activo, lo que pone de
manifiesto la necesidad de marcos regulatorios más claros. La
supervisión y la legitimidad serán temas centrales en 2026 a medida que la
industria evolucione.
La geopolítica ha sido un factor de importancia en
los mercados en el año actual y será una fuerza definitoria para los mercados
en 2026. La política comercial y las alianzas globales que están en marcha,
están remodelando las cadenas de suministro, provocando fluctuaciones en las
monedas e impulsando los flujos de materias primas. Las fuertes oscilaciones
en los mercados del cobre este año, relacionadas con los aranceles, subrayan el
modo en que la incertidumbre política puede impulsar grandes movimientos en materias
primas. Para los inversores, la interacción entre geopolítica, política monetaria
y crecimiento global determinará las primas de riesgo entre las distintas clases
de activos.
En cuanto a las materias primas, conviene mantenerse
alerta respecto a potenciales recortes de tipos de la Fed y a la
debilidad del dólar, que podrían influir en los mercados globales de metales
y energía. Las tendencias de crecimiento global, especialmente la recuperación
de China, continúa siendo crítica en este aspecto, así como el estímulo fiscal
de la OBBBA y la inversión en infraestructuras para la IA. Importante hacer un
seguimiento a este respecto a la industria del metal vinculado a la
electrificación y las energías verdes, así como a la demanda de oro por
parte de los bancos centrales.
En base a las anteriores consideraciones, puede
concluirse que 2026 sea probablemente un buen año para la renta variable.
Si reflexionamos lo que ha sucedido en los últimos 11 meses, un elemento
de la trayectoria que las acciones han seguido este año, y que es bastante común,
es una corrección que ha terminado en fuertes ganancias en lo que va de año.
Como puede apreciarse en el gráfico “Another Year of Solid Gains and Large
Drawdowns”, el S&P 500 experimentó una caída del 18,9% pero ha subido más
del 16% en lo que va de año. Tal como ilustra el gráfico, este patrón no es
raro. De hecho, la caída media en un año natural determinado ha superado el 14%
desde 1980, mientras que el S&P 500 ha ganado una media del 10,7% anual durante
ese periodo. ¿Continuará el mismo patrón en 2026? Basándonos en las series históricas,
probablemente sí. Conviene tener en cuenta esta perspectiva para no perder
la calma y deshacerse de las acciones cuando inevitablemente llegue la volatilidad.
Fuente: LPL Research, Bloomberg 11/26/25.
Advertencia: Rendimientos pasados no garantizan resultados futuros. Los índices no están gestionados y no se puede invertir en ellos directamente.
La perspectiva general es cautelosamente optimista, lo que sugiere potencial para ganancias continuas del mercado si estos factores se alinean favorablemente.




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