17 diciembre 2023

Massachusetts Investors Trust, una historia de éxito de 100 años

Al elegir un nombre para esta publicación, me ha parecido oportuno honrar el primer fondo de inversión que, como tal, se creó en el mundo. El fondo se creó en Boston, Massachusetts (EEUU) en 1924 y a día de hoy continúa comercializándose con éxito

Massachusetts Investors Trust, de la gestora MFS y, desde su creación en Boston, en 1924, ha mantenido su objetivo de inversión de perseguir la apreciación del capital invertido, gestionando su cartera de forma activa y siguiendo la filosofía de invertir en empresas establecidas y bien gestionadas.

La gestora del fondo fue fundada en 1924 por Umair Shafir, Charles H. Learoyd y Ashton L. Carr, con el objetivo de crear el fondo Massachusetts Investors Trust (MIT), el primer fondo de inversión de capital variable del mundo, con un capital inicial de 50.000 dólares. Las acciones se comercializaron al púbico a través de brokers y en los siguientes cinco años su patrimonio creció hasta alcanzar los 14 millones de dólares. Durante el crac bursátil de 1929, el fondo sobrevivió a una pérdida del 83% creando un segundo fondo en 1934. En 1959, el fondo Massachusetts Investors Trust se había convertido en el mayor fondo de inversión de Estados Unidos y en 1969, para reflejar la ampliación de la gama de productos y servicios de la empresa, la gestora pasó a denominarse Massachusetts Financial Services (MFS) nombre que mantiene actualmente.

 

                                                                                              Fuente: mfs.com

Las acciones incluidas en la cartera del fondo, a fecha de 15 de julio de 1924, se encuadraban en cuatro sectores: Banca y Aseguradoras, Ferrocarriles y Equipamiento, Utilities, e Industrial y Otros. Nombres como Boston Insurace Company, Pullman, Northern Pacific Railroad, American Gas & Electric, Edison Electric of Boston, American Tobacco, Eastman Kodak o General Motors representan algunas de las inversiones del fondo en sus inicios.

Manteniendo idéntica filosofía de inversión, la cartera actual Incluye entre sus posiciones empresas de gran capitalización y de elevada calidad, con modelos de negocio resilientes, balances sólidos y equipos directivos de calidad. El objetivo es alcanzar retornos superiores a la media y un crecimiento potencial duradero, seleccionando compañías que cotizan a un valor razonable.

Defensora de la gestión activa, MFS cree que la clave para aprovechar el potencial de rentabilidad que busca la gestión activa es identificar gestores activos cualificados y expertos. Entienden que los gestores activos cualificados son aquellos que demuestran convicción respecto al mantenimiento de valores a largo plazo, colaborando en la toma de decisiones de inversión y gestionando el riesgo en mercados volátiles.

Según MFS, para evaluar a los gestores activos puede utilizarse la evolución de la rentabilidad a largo plazo. La rentabilidad a lo largo del tiempo mide la frecuencia con la que una cartera obtiene una rentabilidad superior o inferior respecto a su índice de referencia, o lo que es lo mismo, su rendimiento, a lo largo de un ciclo de mercado completo.

También reconoce que incluso los gestores más expertos obtienen a veces peores resultados, por lo que consideran que, en lugar de tratar de anticiparse y seguir los movimientos del mercado a corto plazo, los gestores expertos gestionan activamente el riesgo cuando los mercados son ineficientes y tratan de añadir valor, gestionando la volatilidad y navegando los ciclos cambiantes del mercado con mayor eficacia. Gestionar el riesgo puede aumentar el potencial de crecimiento. Si se pierde menos valor en mercados bajistas, el potencial de ganancia en mercados alcistas será también mayor.

Los gestores actuales del fondo son Jude Jason y Alison o’Neill, con una experiencia en gestión de 16 y 22 años respectivamente. Jude M. Jason es director de inversiones y gestor de carteras de renta variable para la estrategia MFS US Core Equity de MFS Investment Management® (MFS®). Es responsable de las decisiones finales de compra y venta, la construcción de la cartera y la gestión de riesgos y efectivo. También participa en el proceso de análisis y en los debates sobre estrategia. Jude se incorporó a MFS en 2012 como analista de renta variable y asumió responsabilidades de gestión de carteras en 2021. Con anterioridad fue asociado de capital privado en Lightyear Capital, durante dos años, y analista de banca de inversión en Citigroup durante tres años. Comenzó su carrera en el sector de los servicios financieros en 2005. Jude es licenciado en Administración de Empresas y Finanzas por el Babson College y posee un máster en Administración de Empresas por la Harvard Business School.

Alison O'Neill es codirectora de inversiones de renta variable para las Américas y gestora de carteras de MFS Investment Management® (MFS®). En su función, colabora con los demás codirectores de inversiones regionales de la empresa en el proceso de gestión del análisis y en los debates estratégicos, incluyendo el desarrollo de políticas y programas de inversión que alcancen los objetivos de inversión de MFS y sus clientes. Alison se incorporó a la gestora en 2005 como analista de renta variable, tras completar el programa de prácticas de verano de MBA de la empresa en 2004. Fue nombrada directora de análisis para Norteamérica en 2016, asumió su función de gestora de carteras en 2018 y fue nombrada co-CIO en 2020. Lleva trabajando en el sector desde el año 2000. Alison se licenció cum laude por la Universidad de Harvard y es Máster en Administración de Empresas por el Instituto Tecnológico de Massachusetts.

El enfoque de inversión de MFS combina la experiencia colectiva del equipo gestor, con una disciplina a largo plazo y una constante y meditada gestión del riesgo.

Gestores de cartera y analistas comparten sus diversas perspectivas, debaten ideas y analizan los riesgos. De esta forma, el conocimiento y la experiencia del equipo se esfuerza en encontrar las mejores oportunidades de inversión de acuerdo con los objetivos de los inversores.

Convicción y paciencia han demostrado ser grandes aliadas de gestión en etapas difíciles de mercado y sólo pueden ponerse en práctica gracias a la solidez de su análisis, que les permite tener una opinión formada propia y dejar que las inversiones maduren. Al mantener los valores durante más tiempo, aprovechan la mayor dispersión de rentabilidad entre los valores con mejores y peores resultados.

Su cultura de consideración y gestión del riesgo les lleva a intentar comprender qué riesgos

son importantes, ignorando el ruido, y cómo evolucionan a lo largo del tiempo. Porque, para generar rendimientos para los inversores, gestionar las bajadas es tan importante como intentar capturar las subidas.

Con su objetivo principal de revalorización del capital, el fondo invierte sus activos principalmente en valores de renta variable. Aunque puede invertir los activos del fondo en empresas de cualquier tamaño, invierte principalmente en empresas de gran capitalización.

Entre las mayores posiciones en la cartera del fondo encontramos nombres como Microsoft Corp, Alphabet Inc Class A, Apple Inc, ConocoPhillips y JPMorgan Chase & Co. Por sector, Tecnologías de la Información (26,30%) Financiero (16,07%) Salud (13,34%) Industrial (9,12%) Servicios de Comunicación (9,12%) Consumo Básico (7,69%) y Consumo Discrecional (5,48%) son los de mayor ponderación. El 99,47% corresponde a renta variable, asignando el porcentaje restante a efectivo.

El patrimonio gestionado por la clase A del fondo actualmente es de 3.661 millones de dólares (aproximadamente 3.356 millones de euros). Por rentabilidad, se revaloriza un 17,47 por ciento en año y un 71,41 por ciento a cinco años, requiriéndose una inversión mínima de 1.000 dólares para su suscripción. Toma como referencia de gestión el índice Standard & Poor's 500 Stock Index, si bien Morningstar lo compara con su índice Morningstar US LM TR USD en el siguiente gráfico de evolución. El fondo ofrece diferentes clases (I, R6, A y C) para diferentes tipos de inversores.


Respecto a la categoría Large Blend de Morningstar en la que se encuadra, el fondo registra un nivel de riesgo inferior a 5 años y un nivel de retorno medio, con un Alfa de -1,16 y una Ratio de Sharpe de 0,54. En cuanto a los periodos de rentabilidad inferiores a la de su índice de referencia, el que más duró en estos cinco años fue de 9 meses, correspondiendo las fechas de pico y valle al 1 de enero de 2022 y al 30 de septiembre de 2022 respectivamente. La Net Expense Ratio (0,7) se sitúa en el nivel Bajo, según Morningstar. Su rating general para este fondo es de 3 estrellas, tanto a 3, como a 5 y a 10 años.

 

Como puede apreciarse, una filosofía de inversión muy estable a lo largo del tiempo, que ha sabido adaptarse a los grandes cambios que el fondo ha vivido, desde los inicios de la electricidad y la construcción del ferrocarril en Estados Unidos. El fondo ha sobrevivido a situaciones críticas como el crac bursátil de 1929, la segunda guerra mundial, la guerra fría y la crisis de mercado de 1987, entre otras.

Ya en el siglo XXI ha sabido adaptarse a los grandes cambios tecnológicos, que ocasionaron la crisis puntocom al comenzar el siglo, superando la situación generada en la economía y los mercados por los atentados de las torres gemelas, la gran crisis financiera de 2008, la crisis de deuda soberana europea de 2010 y, más recientemente, la caída del mercado de valores ruso en 2022. Toda una historia de estabilidad, supervivencia y adaptación que ha sabido ganarse la confianza de los inversores y que puede esperarse que continúe en los años futuros.

15 diciembre 2023

Euforia de final de año en los mercados, pero ¿habrá recesión en 2024?

Fiel a su evolución histórica, el pasado noviembre terminó con un excelente comportamiento en las principales Bolsas. El índice S&P 500 ganaba un 8,8 por ciento durante el mes, cerrando por encima de su máximo de julio pasado. El principal referente estadounidense ganaba en el año, hasta finales del pasado mes, un 19 por ciento, quedando sólo un 4 por ciento por debajo de su máximo de julio de 2022.

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En Europa, el STOXX 600 Europe avanzó un 6,6 por ciento, mientras que el referente español IBEX superaba la barrera de los 10.000 puntos, recuperando niveles previos a la pandemia, y avanzando un 11,5 por ciento durante el mes pasado. Sin duda el mayor peso del sector bancario del índice español y el buen dato de IPC de la eurozona, que cerraba noviembre por debajo de las previsiones, ayudaron a conseguir esta positiva evolución.

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La renta variable ha tenido un año bastante azaroso. La implosión del Silicon Valley Bank en marzo hizo resurgir los temores sobre la fortaleza del sistema bancario global, y la tensión generada por el enfrentamiento legislativo sobre el aumento del techo de la deuda de Estados Unidos, se convirtió en una preocupación clave para los inversores meses después.

Sin embargo, el dato de empleo en E.E.U.U. de noviembre no ha hecho sino sumar optimismo a la evolución de las Bolsas durante noviembre, sin olvidarnos del retroceso del precio del petróleo, incluso en pleno conflicto en Oriente Medio, entre Israel y Gaza. Todo ello parece indicar que el aterrizaje será suave, descartándose en gran medida los temores previos a una recesión dura.

Los 199.000 nuevos empleos registrados en EEUU durante noviembre inevitablemente han hecho especular con la posibilidad de que la Reserva Federal mantuviera los tipos de interés sin cambios. Con este último dato, la tasa de desempleo se sitúa ahora en 3,7%, los salarios continúan subiendo y las estimaciones de beneficios conforman un entorno de mercado que parece apuntar más hacia un aterrizaje suave que hacía una economía al borde de la recesión. Un escenario que parece haber convencido a la Reserva Federal que en su reunión de diciembre no sólo ha mantenido los tipos, sino que ha apuntado la posibilidad de tres recortes durante 2024.

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Los tipos de interés elevados limitan el endeudamiento, aumentan el coste del capital e incentivan el ahorro. También fuerzan a los gobiernos a reconsiderar la sostenibilidad de su política fiscal. Conforman, sin embargo, un escenario excelente para los inversores bien diversificados, proporcionando una base sólida para la obtención de retornos ajustado por riesgo a largo plazo.

Un tipo de activo que se ha beneficiado también del entorno de tipos de interés elevados es el de los bonos, que han incrementado de forma significativa sus valoraciones en los últimos dos años, situándose actualmente en un nivel cercano a su valor razonable, además de ofrecer retornos muy interesantes. Ambos factores combinados pueden hacer que los bonos internacionales alcancen retornos de entre 4,7% y 5,7% en la próxima década, notablemente por encima de la horquilla de entre 1,35% y 2,3% de la década anterior, durante la que los tipos de interés bajos reinaban.

En el caso de la renta variable, los tipos de interés más altos han empujado las valoraciones a la baja, recortando los márgenes de beneficios, a medida que a las empresas les resultaba más oneroso emitir y refinanciar su deuda.

A pesar del optimismo y la euforia con los que los mercados han asimilado el comunicado de la Reserva Federal, de cara a 2024 aún persisten algunos riesgos.

Según una encuesta reciente de Bank of America, un 74 por ciento de los gestores esperaba un aterrizaje suave de la economía. Un optimismo que se hace también patente en el consenso de expectativas en cuanto al aumento de beneficios, estimándose en un 11 por ciento para los componentes del S&P 500, con diferenciales en los bonos corporativos de alto rendimiento por debajo de su media a largo plazo.

Pero aún estamos en una etapa de tipos de interés altos. El exceso de ahorro acumulado durante la pandemia, que ha ofrecido un sólido soporte a la economía hasta ahora, pronto se agotará y, adicionalmente, los elevados tipos de interés no sólo han limitado el ahorro, sino que previsiblemente acabarán creando dificultades de financiación.

Aunque posiblemente pueda evitarse una recesión en 2024, los riesgos se mantienen elevados. Entraremos en una zona crepuscular entre ralentización (tal vez recesión) y recuperación, en la que puede que nada sea lo que parece.

En E.E.U.U. el menor crecimiento económico y la posibilidad de recesión dibujan un panorama cauteloso para la renta variable. En cuanto a los bonos, el rendimiento de los bonos del Tesoro de alrededor de 4,5 por ciento ofrece un buen valor y se espera que el riesgo de recesión ofrezca soporte para los retornos de los bonos.

Europa ha estado más castigada por el retroceso manufacturero y la debilidad de la demanda por parte de China. Aunque la renta variable de la eurozona ha mostrado un sólido comportamiento en 2023, puede que la región tenga que bregar contra un entorno de política monetaria restrictiva y contra riesgos de recesión durante 2024.

Por su parte, Reino Unido será una de las economías de mayor tamaño que habrá de hacer frente a los mayores retos, incluyendo el mayor riesgo de recesión durante el próximo año. Con la inflación decreciendo, pero más lentamente que en otras economías, el Banco de Inglaterra posiblemente tardará más que otros bancos centrales en comenzar a relajar su política monetaria.

En cuanto a China, es probable que la política fiscal sea un factor predominante a lo largo del próximo año, a medida que el gobierno continúa con sus nuevas políticas incrementales para apoyar la economía. Las acciones chinas están baratas en la mayoría de sus métricas, pero conviene mantenerse cautos, a la espera de señales más nítidas respecto al nivel de compromiso de las medidas políticas orientadas a resolver los casos de endeudamiento del mercado inmobiliario, que sirvan para impulsar la economía de un modo significativo.

También en Asia, el crecimiento de la economía japonesa previsiblemente se ralentizará, a medida que el efecto de las dinámicas de reapertura vaya desvaneciéndose. Un tema clave para la política del Banco de Japón es si habrá más mejoras en el aumento de salarios. Podríamos esperar una contracción incremental por parte de su banco central, eliminándose posiblemente el control de la curva de tipos durante 2024.

Un entorno, en definitiva, en el que la diversificación y gestión activa serán más importantes que nunca. Más allá de acciones y bonos, conviene considerar inflación y crecimiento. Los diversificadores de nueva generación, como activos reales y crédito privado, ofrecen beneficios adicionales en este contexto. A medida que la política monetaria cambie, la diversificación del porcentaje de crecimiento de las carteras adquirirá mayor relevancia, pero la elevada volatilidad hará que una correcta selección sea un factor crítico en las carteras. Un entorno en el que los gestores activos prosperarán, aunque se requerirá de una gran pericia y de un extenso y concienzudo análisis, especialmente cuando los mercados comiencen a cambiar con rapidez.

 

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Fuente:  comunicagenia.com/ Una ojeada a los grandes titulares puede hacernos pensar que la economía disfruta de una salud sin precedentes ...