08 enero 2024

Por qué conviene incluir inversiones alternativas en la asignación estratégica de activos para 2024

Considerando la volatilidad del actual contexto geopolítico y la preocupación respecto a la capacidad de los bancos centrales para gestionar la transición de una política monetaria destinada a reducir la inflación, a otra que limite la recesión, convendría que los inversores se prepararan para un entorno de crecimiento económico por debajo de la media para el año que comienza. A pesar del brusco giro hacia una política monetaria restrictiva por parte de los bancos centrales, su balance continuará teniendo un gran volumen de activos durante bastante tiempo.

El cambiante panorama geopolítico también justifica un seguimiento continuado, dada la incertidumbre en torno a las relaciones comerciales internacionales, la posibilidad de que se inicien o se agraven conflictos violentos y la capacidad de los múltiples procesos electorales que se celebrarán a lo largo del año para modificar la retórica política.

Conviene pues ser cuidadosos en la asignación de activos a incluir en la cartera. En épocas de inflación o de mayor volatilidad, como cabe esperar durante 2024, una asignación estratégica de activos más sofisticada, incluyendo inversiones alternativas, puede resultar atractiva tanto para los inversores institucionales como para los particulares.

La asignación estratégica de activos es la práctica de mantener una asignación de cartera definida -con respecto a las clases de activos- durante un periodo de tiempo sostenido para alcanzar objetivos a largo plazo, adaptados a la tolerancia específica al riesgo, el horizonte temporal de inversión y los objetivos de rentabilidad de cada inversor. De forma general, se recomienda ‘rebalancear’ los activos que componen la cartera a lo largo del tiempo, de forma disciplinada, para mantener la estrategia.

En épocas anteriores, puede que un inversor se conformara con una cartera 60/40 o una cartera de acciones/bonos ‘100 menos edad del inversor’ como asignación estratégica de activos simple y pasiva. En la era moderna de la inversión autodirigida, es posible acceder a una asignación estratégica de activos más institucional, como la del modelo Yale Endowment. Un horizonte en el que todo parece indicar que viviremos un impulso fiscal considerable, costes laborales fijos, una transición energética complicada y una reestructuración fundamental de las cadenas de suministro mundiales, incluyendo una reducción significativa del papel que los bonos del gobierno pueden jugar en una cartera global diversificada, parece justificar este nuevo enfoque de inversión.

Establecer objetivos de asignación de activos en el panorama inversor moderno  

La asignación de activos objetivo debería modificarse a medida que se envejece. Sin embargo, esta forma de pensar tiene varias limitaciones, sobre todo ahora:

1. Existe una gama de perfiles de riesgo/rentabilidad en un espectro cada vez más amplio de clases de activos a disposición del inversor privado. Por ejemplo, el crowdfunding de acciones (invertir como una ‘micro-VC’ en startups pre-OPV) conlleva el tipo de plusvalía que ni siquiera las acciones de pequeña capitalización pueden ofrecer, pero también una enorme cantidad de riesgo. Los inversores jóvenes y con tolerancia al riesgo pueden considerar la posibilidad de añadir un porcentaje limitado de esta clase de activos a su cartera. Por otra parte, invertir en deuda comercial privada garantizada por bienes inmuebles puede proporcionar rendimientos de tipo fijo que superen con creces el rango típico de rendimientos de Bonos, Letras del Tesoro u otros vehículos de tipo fijo.

2. Esta gama más amplia de perfiles de riesgo/rentabilidad puede ayudar a los inversores a encontrar una asignación estratégica de activos que se ajuste mejor a sus objetivos a largo plazo. También presenta una mayor oportunidad de descorrelacionar entre activos dentro de la cartera, posicionando mejor al inversor para sortear las oscilaciones del mercado. 

3. La filosofía y los objetivos de inversión pueden cambiar a lo largo de la vida. Esto por sí solo puede ser un problema con la asignación estratégica tradicional de activos. A medida que la tecnología altera los paradigmas tradicionales de inversión, está claro que los inversores deben seguir adaptándose, incluso si sus objetivos a largo plazo son convencionales.

A mediados de 2023, la combinación de tipos de interés al alza, inflación y crecimiento lento ha puesto en entredicho la cartera 60/40 tradicional. De cara al futuro, una mayor exposición a activos alternativos puede añadir protección frente a las caídas. Según un reciente estudio de BlackRock:

Este desafío para la cartera se puso de manifiesto en 2022, ya que tanto la rentabilidad de las acciones como la de los bonos fueron significativamente negativas durante el año natural. En 2023, los rendimientos han sido positivos tanto para las acciones como para los bonos, pero la correlación ha seguido siendo positiva. Esto plantea la pregunta: ¿ha vuelto la cartera "diversificada" 60/40?

Nuestra respuesta es que esto depende en gran medida de la trayectoria futura de la inflación, puesto que una inflación persistente probablemente alteraría la dinámica de la política monetaria de las dos décadas anteriores. Con una inflación todavía muy por encima del objetivo de la Fed del 2%, es menos probable que ésta recorte sustancialmente los tipos de interés ante una desaceleración del crecimiento, ya que posiblemente daría prioridad a la consecución de su objetivo de inflación, frente a la amortiguación de una desaceleración a corto plazo del crecimiento económico. En consecuencia, es posible que los bonos no cumplan su papel tradicional en una cartera 60/40.

A medida que nos adentramos en una nueva fase del ciclo de mercado, las presiones sobre la cartera 60/40 siguen siendo agudas. Por lo tanto, el potencial de rentabilidad no correlacionado del mercado inmobiliario privado puede encajar en un modelo contemporáneo de asignación estratégica de activos. Estudios recientes, basados en datos sobre la rentabilidad de los activos en el pasado, corroboran esta tesis:

En un estudio reciente de KKR se muestra que, en todos los periodos estudiados, una estrategia de asignación de activos 40/30/30 (asignaciones de 30% a bonos, 40% a acciones y el 30% restante a mercados privados) superó a una estrategia 60/40. Esto fue especialmente cierto durante los periodos de inflación elevada. Aunque la inflación se ha enfriado un poco desde finales de 2022, alcanzar el objetivo de inflación anual de la Reserva Federal del 2% puede llevar tiempo.

Un entorno de tipos ‘más altos durante más tiempo’ puede requerir una asignación de activos estratégica moderna que dedique una parte significativa a bienes inmuebles del mercado privado u a otros activos alternativos.

Sin embargo, en lo que se refiere a las tendencias de la inflación, todo parece indicar que se irá atenuando y que debe ser considerada más como parte de un cambio cíclico que secular, gracias principalmente a factores del lado de la oferta.

Esto puede justificar un enfoque macroeconómico y de asignación de activos, incluyendo posiciones sobreponderadas en flujos de efectivo basados en garantías, como infraestructuras, energía y crédito inmobiliario.

Con un objetivo temporal y de inversión, los inversores particulares deberían buscar la diversificación, definiendo asimismo un perfil de riesgo/rentabilidad y considerando alternativas del mercado privado, al igual que han hecho los inversores institucionales durante décadas.

La asignación estratégica de activos es un concepto útil, pero, al igual que la Teoría Moderna de Carteras, necesita actualizarse. El cumplimiento estricto de un programa de rebalanceo frecuente no debe impedir la diversificación en activos menos líquidos, que ofrezcan potencial de rendimiento con una baja correlación con los mercados públicos.

  

De todos modos, cada caso es diferente y conviene analizar en profundidad la aplicación de estos conceptos en el contexto de los objetivos a largo plazo de cada inversor, consultando con un asesor financiero.

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