La primera mitad de 2025 trajo consigo algunos de los cambios políticos más sorprendentes y rápidos de los últimos 80 años. Las noticias se han sucedido a una velocidad vertiginosa a la que han debido adaptarse los inversores para anticiparse y gestionar las implicaciones que esto tenía en el mercado. Aunque sin duda puede resultar desconcertante, la historia nos dice que incertidumbre y volatilidad suelen dar lugar a las mejores oportunidades para los inversores, y que esta vez no será diferente.
Los rendimientos de las carteras suelen dar dos pasos adelante y uno atrás: unos rendimientos extraordinariamente sólidos en 2023 y 2024, con una volatilidad moderada han sido los precursores de los notables cambios de la primera mitad de 2025. Hogares y las empresas tienen un largo historial de adaptación a las subidas de impuestos, como los aranceles, y los mercados también se están adaptando.
Breves pinceladas sobe la economía mundial y los grupos de activos:
Mientras los mercados financieros lidian con los recientes anuncios sobre aranceles, una cosa sigue siendo cierta: la incertidumbre sigue siendo una parte integral del panorama macroeconómico de inversión. Aunque cada vez disponemos de mayor información sobre los aranceles y la marcha de las negociaciones con las mayores economías, aún no sabemos cuáles serán los resultados finales en las próximas semanas y meses. Más importante aún, no sabemos cuáles serán sus posibles repercusiones en la economía y la inflación, por no hablar de las decisiones políticas de la Reserva Federal (Fed).
Un aspecto positivo es que la tasa de empleo de EE UU se mantiene en el rango de 4% 4,20% en que se ha movido en el último año, y una política fiscal que debería amortiguar la desaceleración económica provocada por los aranceles y ayudar a la economía estadounidense y mundial a evitar una recesión en 2026.
En renta variable global, el S&P 500 entró en territorio bajista en abril. El VIX llegó a tocar los 60 puntos, un nivel solo igualable al de la crisis financiera global, la caída provocada por la COVID y la liquidación del yen del verano pasado. Si entendemos bien las señales que nos da el mercado, esta parece una invitación a invertir con decisión.
La peor de las tres experiencias bajistas fue una caída del 14,6% tras el 11-S. Incluso tras la primera Crisis Financiera Global (CFG), con el VIX alcanzando los 40 puntos, la renta variable sólo registró un descenso del 1,5% en los 12 meses siguientes. La crisis del yen del verano pasado también provocó pérdidas leves en los últimos ocho meses, de alrededor del 2 %. Aun así, la rentabilidad media a un año en todos los episodios fue del 25,1 %.
Muchos inversores han reaccionado reduciendo sus posiciones, pero la historia frecuentemente susurra, no grita. Podríamos considerar que la volatilidad más que un precipicio ha sido un trampolín. Cada vez que el VIX alcanza estos niveles, lo tratamos como una alerta máxima de incendio. Pero podría ser un regalo que aparece disfrazado de riesgo.
Un escenario económico en el que predominarían las acciones sobre a los bonos, con especial énfasis en las acciones de alta calidad que puedan ofrecer un mayor margen de seguridad que los valores más saturados que dominan los índices ponderados por capitalización bursátil. Aunque las 7 Magnificas han experimentado un crecimiento de los beneficios significativamente mayor en los últimos años, las estimaciones de crecimiento futuro han convergido con el resto de las componentes del S&P 500, mientras que las valoraciones siguen siendo muy elevadas. Conviene pues sobreponderar en gran capitalización en el mercado estadounidense, con inclinación hacia empresas con métricas de rentabilidad y rendimientos atractivos para los accionistas. En el resto del mundo, infraponderar en mercados desarrollados y emergentes en general, con asignaciones selectivas en Japón y la India, donde se pueden encontrar oportunidades de crecimiento estructural únicas.
En renta fija, la incertidumbre, el crecimiento económico moderado y una desinflación más lenta de lo esperado han mantenido a la Fed a raya hasta ahora, pero las crecientes preocupaciones sobre el crecimiento han aumentado las expectativas de recortes de tipos más agresivos para finales de este año. Con la expectativa de una Fed muy dependiente de los datos, parece conveniente mantenerse neutrales desde el punto de vista de la duración.
En cuanto a los activos reales globales, la modesta mejora del crecimiento económico global que puede esperarse para 2026, debería estimular una mayor demanda de materias primas y un aumento moderado de sus precios hasta 2026.
En Inversiones alternativas globales, se puede encontrar valor en las ventajas de diversificación que ofrecen las estrategias alternativas, así como en su capacidad potencial para aprovechar las oportunidades durante las perturbaciones del mercado.
Como conclusión, algunas sugerencia para las carteras para el resto de 2025:
· Posicionarse ante las incertidumbres políticas y geopolíticas
· Centrarse en la calidad y la diversificación de los activos
· Amortiguar las carteras con activos generadores de ingresos
· Añadir de forma selectiva exposición a la inteligencia artificial (IA)
· Complementar la exposición a EE. UU. con activos internacionales


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