El mundo ha cambiado notablemente su configuración durante
el año que termina. Un año marcado por la llamada a las urnas de casi la mitad
de la población mundial, con resultados electorales que se alejan de las tendencias
de los últimos años. Todo parece indicar que el nuevo año presenciaremos
cambios aún mayores.
Mientras que en el resto del mundo las elecciones ya son algo
del pasado, Europa sin embargo se ve abocada a seguir lidiando con la incertidumbre
política en 2025.
Hemos visto cómo en Francia el primer ministro ha dimitido
tras una moción de censura en la Asamblea Nacional. Una moción causada por la
falta de una sólida mayoría parlamentaria que ha impedido abordar los asuntos
más urgentes, especialmente el creciente déficit presupuestario, que supera el
6% del PIB. Los mercados han comenzado a descontar la inestabilidad creada por
esta situación, con la deuda pública francesa diferenciándose crecientemente de
los bunds alemanes, una tendencia que podría continuar el próximo año.
Alemania se prepara para elecciones nuevamente en 2025 por
razones algo similares a las de Francia: gobiernos débiles de coalición en los
que los intereses de partido no permiten vislumbrar los intereses nacionales.
Pero la política doméstica alemana no será el único factor
que previsiblemente influirá en las perspectivas económicas tanto de Alemania
como de Europa en general. Tras la victoria de Donald Trump en las elecciones
presidenciales de Estados Unidos en 2024 son varias las políticas que afectarán
a la economía europea: su política de aranceles y su visión sobre la aportación
que cada miembro de la OTAN debe hacer, para que EEUU mantenga su presencia y
su apoyo en la alianza, son piedras angulares de su programa político.
Tras años de cambios de gobierno frecuentes, Italia se
muestra relativamente estable en esta etapa, con el gobierno de Meloni manteniendo
un consenso estable y un entorno más predecible para los inversores, terreno
abonado para atraer un mayor volumen de inversión internacional.
También Suecia es otro de los países que se muestra estable
en Europa. Gracias a su margen extra para gasto público y un eficiente mercado inversor,
podría ser otro foco de interés para la inversión internacional.
Mientras, la economía de Estados Unidos continúa dando
muestras de fortaleza. Los gigantes tecnológicos de capitalización billonaria,
las políticas de eficiencia en el gasto de la Administración que empiezan ya a
diseñarse, el impulso de la Inteligencia Artificial y de la Computación Cuántica,
la recuperación de las centrales nucleares para obtener la energía que las
grandes tecnológicas necesitan o el impulso de las criptodivisas, son algunos
de los grandes temas que van a definir el rumbo de la mayor economía del mundo
en el próximo año. Sin olvidarnos del importante fenómeno multimillonario de Taylor
Swift, que tanto aporta a las economías de los países en los que celebra sus
conciertos.
Si miramos hacia
Asia, las predicciones de crecimiento económico
para
China el próximo año se ven también afectadas por la
política de aranceles
de la próxima administración estadounidense, a pesar de las medidas de estímulo
del gobierno que pretender contrarrestar a menos en parte su impacto en la economía
china. Una economía para la que se estima una
desaceleración de 4,5% para 2025, tras
el 4,9% de este año, asumiendo que el porcentaje de incremento en los aranceles
a las importaciones chinas a EE. UU. sea de 20%. Si esto es así, se reduciría
el producto interior bruto de China un 0,7% en 2025, suponiendo también que los
estímulos del gobierno para mitigar el impacto de los aranceles continuaran e
incluso se incrementaran.
Rusia, por su parte, ha visto su economía bastante debilitada
como consecuencia de su conflicto con Ucrania. No solamente han tenido su
efecto las sanciones económicas impuestas, sino que han reducido la capacidad
de maniobra de su gobierno, causando una gran distorsión en su economía, a
medida que los costes del conflicto se acumulan. La oferta de mano de obra se
está reduciendo, tras la muerte de cientos de hombre en el campo de batalla
(sólo en octubre tuvieron 1.500 bajas diarias) y los costes en defensa están
reduciendo el presupuesto. Si los ingresos derivados del sector
energético y las importaciones de productos de doble uso de fabricación occidental
disminuyen de forma significativa, podrían tener que hacer frente a una crisis
económica y militar. Tras la retirada de Siria y con la perspectiva de una
maquinaria de guerra dañada y el descontento doméstico sobre su deteriorada economía,
Rusia podría estar más dispuesta a aceptar unos términos más favorables en las
negociaciones de paz con Ucrania.
Globalmente se espera que 2025 sea un año de sólido
crecimiento económico mundial, con la economía estadounidense superando las expectativas,
mientras que la eurozona se queda rezagada, afectada por los nuevos aranceles que
se anticipan por parte de la administración Trump.
Es probable que otros países también se vean afectados por la
política comercial de Estados Unidos. Presumiblemente su impacto será mayor en las
economías más expuestas a la actividad comercial, mientras que algunos países de
mercados emergentes podrían incluso beneficiarse, ganando las exportaciones que
se desvíen desde China.
En cualquier caso, se estima un crecimiento medio del PIB
mundial de 2,7% para la economía global. En el caso de EEUU el crecimiento se estima que será de 2,5% y
de 0,8% en la eurozona. Los mercados laborales mundiales se han reajustado, la
inflación ha continuado su tendencia descendente, cercana ya a los objetivos de
los bancos centrales, que en su mayoría han iniciado ya el proceso de reducir
los tipos de interés a niveles más normales.